PUTIN SE VA, PUTIN SE QUEDA por Antón A. Toursinov
El 2 de marzo de 2008 en Rusia en la primera vuelta de las elecciones presidenciales ganó Dmitriy Medvedev, sucesor de Vladímir Putin, propuesto por éste. El Presidente Putin por la Constitución del país no pudo postularse como candidato ya que cumplió dos mandatos consecutivos, sin embargo, aparentemente se quedará en el poder como el Primer Ministro del país.
Acaban de realizarse las quintas elecciones presidenciales en la Rusia postsoviética (el primer presidente fue Borís Yeltsin, electo en 1991 y reelecto en 1996; en 1999 Yeltsin renuncia al poder y nombra como Presidente provisional al entonces Primer Ministro Valdímir Putin quien el año siguiente se convierte en el Presidente electo y en 2005 es reelecto por la abrumadora mayoría de los ciudadanos de Rusia).
Dado que la Constitución de la Federación de Rusia permite sólo dos plazos presidenciales consecutivos, desde el año 2007 se especulaba en los medios de comunicación si Putin cambiaría o no la carta magna para poder seguir al poder. Algunos diputados del partido gobernante, Rusia Unida, incluso propusieron un cargo vitalicio que tendría que ocupar Putin por referéndum: El Representante del Pueblo ante Todos los Poderes del Estado, es decir, un zar electo por el pueblo, un “vigilante” de los poderes estatales quien estaría por encima del Presidente, Parlamento y Poder Judicial. Por suerte, esta aberración “democrática” no se realizó, aunque los sondeos populares demostraron que una inmensa mayoría de los ciudadanos rusos estaba a favor de esta propuesta.
Pero las preguntas son: ¿cómo este hombrecito gris e insignificante ha podido salir de las tinieblas de la antigua KGB soviética (Comité de Seguridad Estatal, por sus siglas en ruso, donde Putin trabajó como “comisionado” – léase espía – en la ex–República Democrática Alemana) y llegar hasta ser idolatrado por gran parte de la población del país más grande del mundo? y ¿se acabó la era de Putin a partir de las elecciones recién pasadas?
En 1991, el año más turbulento en la historia de la Rusia actual, Putin llega a la presidencia del Comité de Relaciones Exteriores de la Alcaldía Mayor de San Petersburgo. Entra en las esferas políticas gracias a sus relaciones de amistad con el entonces Alcalde de esta ciudad báltica, Anatoliy Sobchak, a quien, posteriormente, traiciona.
En 1996, también gracias a sus relaciones personales, ocupa el cargo de vice-gerente de la Presidencia de Rusia (se ocupa de suministros), en 1998 se convierte en el vice-jefe de la Administración del Presidente de donde, en 1998, pasa a ser Director del Servicio Federal de Seguridad (ex-KGB). Durante todos estos cargos Putin permanecía fuera del foco público ya que el pueblo ni siquiera sabía de su existencia y los medios de comunicación no le dedicaban ninguna atención, en parte debido a la difícil situación económica del país en aquella época, y en parte debido a los escándalos públicos y la guerra en Chechenia.
Finalmente, en 1999, para sorpresa de todos los ciudadanos rusos, Yeltsin nombra a Putin el Primer Ministro, cargo que lo hará saltar hacia el puesto máximo después de la renuncia del Presidente. Ahí comienza la así llamada “era de Putin” en la historia contemporánea rusa y universal.
Como herencia de su antecesor, Putin recibe un país dividido como nunca, tanto a nivel político como económico. A todo ello se le añaden las ideas separatistas de las repúblicas caucásicas, de los Urales y siberianas, donde la población en su mayoría pertenece a otras etnias, distintas a la rusa. Las políticas neoliberales de Yeltsin y de sus asesores no habían obtenido los resultados esperados (el porqué es el tema de otro ensayo, pero, para adelantar, se trata de la enorme burocracia y la política económica de privatización mal realizada), la economía se seguía sumergiendo en un caos de incompetencia absoluta, de la mafiosidad de las absurdamente grandes estructuras estatales, etc.
Sin embargo, Putin y sus asesores aprovechan las características propias del pueblo de Rusia para ganar sus simpatías. Desgraciadamente, muchos siglos de esclavitud (en todos los sentidos de la palabra) convirtieron el pueblo en una masa, en el proletariado incapaz de tomar sus propias decisiones y de pensar por sí mismo. Esta característica, que no había tomado en cuenta Yeltsin, le confirió tanto poder a Putin que se convirtió en la obsesión de mucha gente. Lo primero que hizo el nuevo presidente fue comenzar a dominar los medios de comunicación y a los periodistas, a través de los procesos judiciales en contra de los dueños-opositores de la prensa y por vía de la “nacionalización capitalista”, es decir, el estado obligó a los propietarios de los medios de comunicación, al igual que de muchas empresas grandes, a venderle las acciones en cantidades suficientes para el control total. A través de esta estrategia el pueblo comenzó a recibir la información necesaria para el gobierno (“el que domina la información, domina el mundo”), y, con el apoyo ideológico de los rusos, pudo llevar a cabo todos los procesos en contra de los empresarios a los que llamaron oligarcas.
Al apropiarse de las empresas importantes, el gobierno, por ende, logró recaudar más ganancias financieras para mantenerse y para compartir, en el grado mínimo, con el pueblo: se construyeron algunas carreteras, se subió el sueldo mínimo y las pensiones, etc.; en pocas palabras, se contentó al pueblo, aunque el pueblo ni se dio cuenta de que le subieron impuestos y los precios subieron mucho más que los sueldos. Durante el segundo mandato del susodicho presidente de Rusia sorpresivamente crecieron los precios del petróleo, de las materias primas y del gas, productos más importantes del subsuelo del país, lo que ayudó a pagar la deuda nacional y exterior. El gobierno aprovechó esta subida de precio para convencer al pueblo de que todo este bienestar que cayó sobre Rusia es el logro personal del señor Presidente.
Incluso de los fracasos de la política interna del país el gobierno sacó tanto provechó como pudo, gracias al dominio de la información pública. Las explosiones de las casas-condominios en Moscú, ni el trágico final del submarino Kursk en el que murieron muy lentamente, sin que la ayuda nunca llegara, 118 marinos, en su mayoría muchachos jóvenes, ni la toma de rehenes por los rebeldes chechenos en un teatro de Moscú en 2002 y su fallida liberación por parte de la fuerza estatal (donde perecieron 67 personas que asistían a un musical), ni la toma de la escuela en Beslán en 2004, donde murieron, por culpa del ejercito que los trataba de liberar, más de 330 rehenes, casi todos menores de edad, nada de esto cambió la opinión del pueblo sobre su nuevo gobernante. De verdad, los romanos tenían la razón al decir que el pueblo para ser feliz sólo necesita pan y circo.
Las confrontaciones con los países vecinos (Georgia, Estonia, Latvia, etc.) también fueron aprovechadas, pero en este caso para elevar el autoestima nacional lo que se convirtió en los grupos neonazi “skin heads” cuyo lema es “Rusia para rusos” y “los rusos somos la raza superior” que en el 2007 asesinaron en las calles de las ciudades rusas a más de 80 personas que no parecían rusos (entre ellos extranjeros y los ciudadanos rusos de otras etnias). Sólo 3 casos de ellos ha sido llevado a los tribunales y en dos casos los delincuentes fueron absueltos.
En una conferencia de prensa Putin igualó el pueblo ruso con el soviético y vanaglorió al pueblo soviético como el pueblo libertador de Europa y del mundo, aludiendo a la Segunda Guerra Mundial, y abiertamente amenazó a cualquier país que no reconociera estos méritos cerrarle el flujo del gas natural. La táctica fue aprobada por los rusos en múltiples ocasiones y Europa Occidental tuvo que tragar esta amenaza después de dos cierres de gaseoducto ruso, lo que dejó a la Unión Europea por varios días sin este carburante.
Con todo esto creció desproporcionadamente el aparato estatal y burocracia, el pueblo fue privado de cualquier posibilidad de abrir pequeños o medianos negocios, aunque el propio pueblo prefiere esperar milagros del gobierno que pensar en los negocios, y lo que es lo más típico de cualquier poder autoritario, fue creada la figura del enemigo acérrimo del país, a través de las confrontaciones con la Unión Europea y los EEUU. La famosa “vertical del poder”, implementada por Putin y que consiste en desfederalización del poder y en el nombramiento de los gobernadores de las 89 provincias por parte del Presidente (antes de Putin a los gobernadores los elegía el pueblo), la presentación de la oposición como delincuentes comunes y como perturbadores del orden público, la idealización de la persona del Presidente a través de la creación de las organizaciones políticas juveniles e infantiles, todo esto permite anunciar el fin de la democracia en el país. En varias ocasiones tanto el propio Putin como muchos de los rusos, al mencionar la falta de democracia, han alegado diciendo que Rusia no necesita ni quiere una democracia “occidental” sino que le conviene “una mano dura” como la que tiene el presidente saliente.
El año pasado, cuando se empezó a rumorear sobre el destino de Putin después de la elecciones del 2008, el Presidente, al contestar a las manifestaciones en su apoyo donde se le rogaba que se quedara en el poder, mencionó más de una vez que le gustaría seguir su línea pero en calidad del primer ministro, pero para eso el pueblo tenía que elegir al candidato a la presidencia que el mismo Putin propusiera. Así entre los rusos nació el triste chiste de que “si Putin indica que tenemos que votar por su perro, lo haremos con tal de que sea el perro de Putin”. Fue nombrado el candidato oficial del partido Rusia Unida, creado por Putin y que tiene la mayoría en las dos cámaras legislativas.
Este candidato, Dmitriy Medvedev, insignificante en el plano político y desconocido antes de aparecer con Putin, se convirtió en el presidenciable con más posibilidades de ganar. Cabe señalar que este candidato rehusó a participar en todos los debates públicos con otros presidenciables y el propio Putin, en febrero, al aseverar que “en el puesto de Primer Ministro voy a seguir mi política”, dio a entender el resultado de las elecciones. Debido a esta frase y a la actitud de los dos, el “futuro presidente” y el “futuro primer ministro”, y debido a la actitud que tomó la Comisión Central Electoral hacia la oposición liberal al no registrar a sus candidatos Garri Kasparov y Mijail Kasyanov, los observadores internacionales tomaron la decisión de no ir a Rusia y no participar en la campaña electoral.
Ayer, el 2 de marzo, oh sorpresa, ganó en la primera vuelta con casi 70% de votos el candidato de Putin, Dmitriy Medvedev. De inmediato la prensa opositora del régimen actual ( www.kommersant.ru ) destacó múltiples violaciones durante las votaciones, pero la prensa controlada por el estado subraya “el carácter limpio” de las mismas (www.regnum.ru por ejemplo). La participación del pueblo que acudió a las urnas es muy elevada pero, recordemos, en las elecciones a la Duma Estatal en diciembre del 2007 hubo hasta 105% de votantes, es absurdo pero así es.
El futuro inmediato nos mostrará si en realidad Putin se convertirá en “el cardenal gris” quien va a seguir gobernando el país, o Medvedev tendrá suficiente valor para ir apartando a ése del poder y buscar los caminos de transformar no sólo el país, sino la mentalidad de sus habitantes. Ojalá que pronto mi patria deje de ser esclava de su pasado y se abra para las mejoras políticas que había empezado el primer presidente de la Rusia actual.
post original en http://toursinov.wordpress.com

